Printer-friendly version Share:  Share this page on FacebookShare this page on TwitterShare this page by emailShare this page with other services

Negligencia Temeraria

Por Javier Sierra

En octubre de 2001, tres semanas después de los ataques del 11 de septiembre, visité el Bajo Manhattan, donde pude ver los todavía humeantes restos del World Trade Center (WTC), lo que se conoce como Punto Cero.

También vi decenas de comercios, cuyos dueños decidieron no limpiarlos, y dejarlos tal y como quedaron una vez que se asentó la espesa capa de polvo, como tributo a tan macabro día. Prácticamente nadie se imaginaba que lo que estábamos viendo era una nieve tóxica. Nadie, menos la administración Bush.

Hoy, casi tres años más tarde, nos enteramos de que el gobierno de Estados Unidos fracasó miserablemente en su deber más fundamental --proteger la salud y la seguridad del público. Hoy nos enteramos de que la administración Bush nos engañó a todos sobre las condiciones medioambientales reinantes en el Punto Cero; y que nos ocultó el hecho de que el aire era tan tóxico, que los trabajadores de rescate y los residentes estaban exponiendo su salud a graves riesgos.

Hoy, cientos de esas personas están enfermas y cientos, quizá miles, más se podrían enfermar en el futuro debido a la negligencia temeraria de la administración.

Cinco días después de los ataques, la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), bajo la directa supervisión de la Casa Blanca, emitió la siguiente nota al público: "Las nuevas muestras confirman informes previos que la calidad del aire cumple con los estándares [federales] y consecuentemente no hay razón para preocuparse".

Pero un devastador informe del Sierra Club sobre las verdaderas condiciones medioambientales en el Punto Cero y lo que sabía la administración Bush sobre ellas, demuestra que los mensajes tranquilizadores del gobierno fueron "irresponsables".

"No se puede justificar que se trate de tranquilizar al publico cuando arden sin control y colapsan dos torres gigantescas repletas de asbesto, plástico, luces contaminadas con mercurio, y computadoras contaminadas con plomo," indica el informe emitido el miércoles.

"La protección respiratoria no era suficiente", dice Israel "Izzy" Miranda, líder sindical de los bomberos y paramédicos de Nueva York, quien llegó al WTC poco después que colapsara la primera torre. "En esa nube de polvo la gente estaba respirando todo tipo de materiales. Yo escupí algo que parecía cereal, lleno de sílice y fibra de vidrio".

Miranda y sus heroicos compañeros estaban respirando mucho más que eso. El reporte del Sierra Club hace el siguiente recuento de los aterradores productos tóxicos que los derrumbes pulverizaron y emitieron a la atmósfera:

  • Mucho del polvo era tan cáustico como el amoniaco, y en algunos casos tan cáustico como los limpiadores de tuberías.
  • Se detectaron alarmantes niveles de hidrocarburos aromáticos policíclicos, compuestos cancerígenos que también causan defectos de nacimiento.
  • La catástrofe también emitió fibras de vidrio, plomo, toxinas y cantidades de asbesto, otra sustancia cancerígena, diez veces mayores que en las áreas colindantes.

Con "gran alivio", la EPA dijo el 13 de septiembre que no había niveles "significativos" de asbesto en el aire. Sin embargo, la Casa Blanca eliminó la siguiente frase del comunicado original: "Incluso a niveles bajos, la EPA considera el asbesto peligroso en esta situación".

"Creo que esto es criminal", se lamenta Miranda. "Cuando se esconde esta información del público y de los trabajadores, les estás mintiendo. Al gobierno debería darle vergüenza no habernos dicho a lo que estábamos expuestos".

Muchos de los trabajadores y residentes han contraído lo que se conoce como la tos del WTC. Muchos más presentan problemas respiratorios y digestivos, otros han perdido capacidad pulmonar.

Pese a que la administración conocía muchos de los riesgos, a los residentes les comunicó que podían limpiar el polvo de sus hogares con trapos mojados y escobas. A los cientos de trabajadores de limpieza, en su mayoría hispanos, no se les ofreció ningún tipo de equipo protector para lavar veredas y edificios; y algunos empleadores, aparentemente, les animaron a no usar mascarillas.

Una vez que los engaños se hicieron públicos --gracias inicialmente al trabajo investigador del New York Daily News y del St. Louis Post-Dispatch-- la administración alegó que no hizo públicos sus datos por miedo a que cundiera el pánico. Pero la experiencia nos muestra --y las evacuaciones masivas y pacíficas causadas por el huracán Charley en Florida son el ejemplo más reciente-- que el público en general reacciona sensata y solidariamente durante desastres.

Lastimosamente, la administración Bush parece no haber aprendido nada de sus errores, ya que planea transformarlos en su método estándar para lidiar con futuras catástrofes. En otras palabras, quiere convertir la negligencia temeraria en política gubernamental.

Javier SierraJavier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


Up to Top

Reckless Disregard
By Javier Sierra

In October of 2001, three weeks after the 9-11 attacks, I visited Lower Manhattan, where I could see the smoldering remains of the World Trade Center (WTC), what it is known as Ground Zero.

I also had the opportunity to see dozens of stores, whose owners decided not to clean them and leave them just as they looked after the thick layers of dust settled down, as a tribute to that an awful day. Practically nobody could imagine that what we all were seeing was a toxic snow. Nobody, except for the Bush administration.

Now, almost three years later, we learn that the US government miserably failed to fulfill its most fundamental duty --to protect the public's health and safety. Now we learn that the Bush administration deceived us all about the environmental conditions at Ground Zero, and that it hid the fact that the air there was so toxic that rescue workers and residents were facing severe health risks.

Today, hundreds of people are sick and hundreds, perhaps thousands, more may get sick in the future because of the administration's reckless disregard.

Five days after the attacks, the EPA, under the White House's direct supervision, released the following statement: "The new samples confirm previous reports that ambient air quality meets [Occupational Safety and Health Administration] standards and consequently is not a cause for public concern."

But a new, hard-hitting Sierra Club report about the true environmental conditions at Ground Zero and what the Bush administration knew about them shows that the government's reassuring statements were "irresponsible."

"The issuance of public safety assurances when two giant towers filled with asbestos, plastics, mercury-contaminated fluorescent lights, and lead-contaminated computers burned uncontrollably and collapsed in a cloud of dust cannot be justified," says the report, released on Wednesday.

"Respiratory protection was insufficient," says Israel "Izzy" Miranda, a New York firefighter and EMS union leader, who arrived at Ground Zero shortly after the first tower collapsed. "In that cloud of dust people were breathing all sorts of stuff. I spat stuff like oatmeal, full of silica and glass fibers."

Miranda and his heroic comrades were breathing much more than that. The Sierra Club report lists the following terrifying toxics the collapsing buildings pulverized and released into the air:

  • Much of the WTC dust was as caustic as ammonia, and in some instances as caustic as drain cleaner.
  • Alarming levels of polycyclic aromatic hydrocarbons, carcinogenic substances that also cause birth defects, were detected.
  • The catastrophe also released glass fibers, lead, toxins and amounts of asbestos, another carcinogen, ten times higher than in the surrounding areas.

"Greatly relieved," the EPA stated on Sept. 13 that there were "no significant" levels of asbestos dust in the air. The White House, however, deleted the following sentence from the original statement: "Even at low levels, EPA considers asbestos hazardous in this situation."

"I think this is criminal," Miranda says. "When you keep this information from the public and the workers, you lie to them. The government should be ashamed of themselves for not telling us what we were exposed to."

Many of the workers and residents have developed what is known as the WTC cough. Many more show respiratory and digestive problems, and others have lost lung capacity.

Regardless of the fact that the administration knew many of the risks, it told residents they could clean the WTC dust themselves, with wet rags and mops. Hundreds of clean-up workers, most of them Latinos, were not offered any protective equipment to clean sidewalks and buildings, and reportedly some employers discouraged them from using face masks.

Once the deceptions were uncovered --initially thanks to the investigative reporting of the New York Daily News and St. Louis Post-Dispatch-- the administration alleged that it did not release the information to the public for fear of causing widespread panic. But experience tells us --and the massive but peaceful evacuations caused by hurricane Charley in Florida are the most recent example-- that in general the public reacts in a level-headed, even responsible, way during disasters.

Sadly, the administration seems to have learned nothing from its mistakes because it is planning to turn them into standard operating procedure during future catastrophes. In other words, it plans to turn reckless disregard into government policy.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information, please visit www.sierraclub.org/ecocentro


Sierra Club® and "Explore, enjoy and protect the planet"® are registered trademarks of the Sierra Club. © 2014 Sierra Club.
The Sierra Club Seal is a registered copyright, service mark, and trademark of the Sierra Club.