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Cómo Liderar a Nuestros Líderes

Por Javier Sierra

Durante cuatro años hemos librado una dura batalla contra la irresponsable política medioambiental de la administración Bush. Y digo irresponsable porque proteger a muchos de los peores contaminadores del país a cambio de contribuciones electorales y a costa de la salud del público se merece ese calificativo.

Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír, ya que en los próximos cuatro años la ofensiva de la Casa Blanca contra la salud del medioambiente, y por tanto, nuestra salud, promete ser aún peor.

Quizá entonces para ganarnos la atención de este sordo selectivo debemos usar el viejo refrán: la palabra convence y el ejemplo arrastra -- el ejemplo de todos los miembros de la comunidad de cómo podemos disfrutar de los recursos de la naturaleza sin necesidad de destruirla. Con un pequeño esfuerzo diario podemos lograr enormes resultados.

Cada año, Estados Unidos genera 200 mil millones (200,000,000,000) de toneladas de basura. Si el resto del mundo viviera y consumiera como los habitantes de este país, harían falta cinco planetas para mantenerlo. Pero una gran porción de este Everest de los despojos son productos reciclables, como periódicos, cartones, vidrio, aluminio y botellas de plástico. Separe estos artículos en contenedores especiales y entérese cuáles son los días de recogida en su municipio. Asimismo consuma productos reciclados para dar así aún más incentivos a las compañías para agregar dichos productos a sus artículos.

A no ser que prestemos atención, nuestros hogares pueden convertirse en fuentes individuales de contaminación química con un efecto bumerang. Los productos de limpieza, insecticidas, medicinas, disolventes, fertilizantes, fluidos de carro y un sinfín de sustancias tóxicas en muchos casos se desechan en la basura, el inodoro o el alcantarillado. Tarde o temprano estos venenos regresan a su origen a través del agua, el aire o los alimentos que consumimos. Infórmese qué alternativas de desecho existen en su comunidad.

Pero quizá la mejor manera que todos podemos contribuir a respetar el medioambiente --y a nosotros mismos-- es conservando energía. Estados Unidos, con sólo el 6% de la población mundial, consume el 25% de los recursos de la Tierra. Cada año, en este país, se consumen 3,500 millones de horas y 5,600 millones de galones de combustible en atascos de tránsito.

Todos necesitamos una máscara de oxígeno, ya sea el transporte público; o la bicicleta, la opción quizá obligada pero también de un verde brillante de cientos de miles trabajadores latinos; o, cuando sea posible, el método más saludable, a pié. Y si el carro es la única opción, en lugar de un despilfarrador SUV, elija uno híbrido, es decir, automóviles de alta eficacia capaces de generar su propia energía que pueden rendir 45 millas por galón o más.

Si su hogar no está preparado, el derroche de energía le puede costar un agujero en el bolsillo. En invierno, sobre todo en las zonas más frías del país, haga el mínimo de ajustes en el termostato. Si programa su unidad a 68ºF, cada grado que lo aumente incrementa su cuenta de energía en un 3%. Aísle térmicamente ventanas y puertas, cambie el filtro del calefactor regularmente, use ropa cálida en su hogar, apague la luz cuando no la necesite y procure que la mayoría de las actividades diarias las haga en la zona más cálida de su hogar.

Pero no estamos solos en este esfuerzo por conservar energía y dejar a nuestros hijos un medio ambiente saludable. Cada vez gana más fuerza un movimiento mundial que está domando a los mayores devoradores de energía del planeta, los edificios comerciales.

En Santa Mónica, California, encontramos un brillante ejemplo. Se trata de la sede del National Resources Defense Council, un grupo medioambiental, la cual, gracias a su diseño futurista, consume la mitad de energía y un 60% menos de agua que un edificio comercial estándar. Una serie de paneles solares genera el 20% de la energía del edificio y un sistema de recolección de agua de lluvia surte a los inodoros y las plantas de toda la estructura. Todos los materiales usados en su construcción son reciclados, reciclables o fácilmente renovables. Y para remate, el mismo edificio es reciclado de una estructura ya existente.

En Londres, un complejo residencial y comercial construido en lo que era una planta de tratamiento de aguas cloacales genera su propia energía, recicla su propia agua y acondiciona su propio aire con un mínimo impacto medioambiental.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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How to Lead Our Leaders
By Javier Sierra

For the past four years, we have fought hard against the Bush Administration's irresponsible environmental policies. I say irresponsible because protecting the country's worst polluters in exchange for campaign contributions at the expense of public health deserves that word.

But it's difficult to be heard by someone who's turning a deaf ear to you. And it seems clear that the assault on the environment will only intensify in the next four years.

Perhaps, then, in order to get the attention of this selectively deaf administration, we should all lead by example --demonstrate, through our everyday actions, how we can enjoy nature's resources without destroying them. With a little effort each day, we can achieve huge results.

Each year, the United States generates 200 billion tons of garbage. If the rest of the world lived and consumed the same way Americans do, we would need five planets to survive. But a large portion of this Mt. Everest-sized pile of junk is recyclable products, like newspapers, cardboards, glass, aluminum and plastic bottles. Sort these items into special containers and find out the pick-up days for recyclables in your community.

Unless we pay attention, our homes can turn into individual sources of chemical pollution with a boomerang effect. Too often, household cleaners, insecticides, drug prescriptions, solvents, fertilizers, car fluids and other toxics are discarded in the garbage, toilet or sewage system. Sooner or later, these poisons find their way back to us through the water, air and food we consume. Find out what safe disposal alternatives are available in your community.

But perhaps the best way we can show our respect for the environment --and ourselves-- is by conserving energy. The US, with only 6 percent of the world's population, consumes one fourth of the Earth's resources. Each year, Americans spend 3.5 billion hours and 5.6 billion gallons of fuel while sitting idle in traffic.

Public transportation provides us with a greener way to get around. Biking is another option, increasingly popular among Latino workers. The healthiest alternative is walking, which should be used whenever possible. If a car is the only option, choose a hybrid instead of a gas-guzzling SUV. Hybrids are high-efficiency automobiles capable of generating their own energy that can yield 45 miles per gallon or more.

If your home is not weatherized, the energy wasted can become a hole in your pocket. In wintertime, especially in the coldest parts of the country, keep your thermostat adjustments to a minimum. If you set your unit to 68 degrees, each one-degree increase raises your energy bill by 3 percent. Insulate windows and doors, change the heater filter regularly, use warm clothing at home, turn off the lights when not in use and try to conduct most of your indoor activities in the warmest part of the house.

We are not alone in this effort to save energy and leave our children a healthy environment. An ever-growing international trend is taming the world's biggest energy gulpers, commercial buildings.

There is a brilliant example in Santa Monica, California. The headquarters of the National Resources Defense Council consumes half the energy and 60 percent less water than a standard commercial building, thanks to its environmentally and economically smart design. Solar panels generate 20 percent of its energy needs, and a processing system funnels rainwater to the toilets and plants in the building. All the materials used in construction are either recycled, recyclable or easily renewable. And to top it all off, the building itself is the recycled form of a previously existing structure.

In London, a residential and commercial complex built on a cleaned-up site of an old sewage plant generates all its energy, recycles all its water and conditions all its air with minimum environmental impact.

All these are examples of how we all can lead our leaders. And maybe, with a little luck, the Bush administration will soon start turning a deaf ear to polluters.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information, please visit www.sierraclub.org/ecocentro


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