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Día de la Tierra 2005

Un Compromiso de 365 Días al Año
Por Javier Sierra

El 22 de abril, Día de la Tierra, la mayoría de los mortales celebramos las bendiciones de un planeta saludable y renovamos nuestro compromiso por defenderlo contra los abusos.

Sin embargo, en el pequeño pueblo fronterizo de Anapra, Nuevo México, abrumadoramente latino, hay poco que celebrar y mucho por lo que luchar, día tras día.

Durante más de cien años, una cercana fundición situada al otro lado del Río Grande, en El Paso, Texas, emitió cientos de miles de toneladas de algunos de los metales más tóxicos que se conocen.

Debido a que se encuentra en terreno bajo, residuos de plomo, zinc, arsénico y cadmio, arrastrados por el viento, se fueron concentrando en Anapra -una de las comunidades más pobres del país. Este bombardeo venenoso ha dejado el suelo incapaz de dar fruto alguno.

La pesadilla quedó en parte aliviada en 1999 cuando la Fundición ASARCO cerró sus chimeneas. Pero poco dura la alegría en casa del pobre, porque los dueños de la instalación, con el repunte de los precios del cobre, pretenden ahora reabrirla. Y los anaprenses, con toda la razón del mundo, están que echan humo.

Anapra tiene los índices de contaminación de plomo más altos de Nuevo México. La mayoría de sus niños tienen problemas de aprendizaje, les cuesta concentrarse, son irritables y muestran excesiva agresividad, todos síntomas típicos del envenenamiento de plomo.

Por ejemplo, los cinco niños de Linda Sandoval - miembro de Get the Lead Out, el movimiento comunitario que se opone a la reapertura- tienen todos problemas de aprendizaje.

"Es una burla que traten de abrir la fábrica otra vez," dice Linda. "Pensaba que esto sólo ocurría en lugares como México. Pero la corrupción también está aquí".

Por su parte, Lilly Ureño, voluntaria del centro comunitario La Casita, comparte los temores de sus vecinos.

"En La Casita trabajo con puro niño, y muchos tienen asma, ataques y convulsiones", dice Lilly, cuyo hijo también tiene problemas de aprendizaje. "Las madres tenemos miedo".

ASARCO, sin embargo, niega que su fundición tenga que ver con la contaminación, e históricamente ha encontrado la excusa perfecta para eludir responsabilidades, y también la comprensión de funcionarios locales y estatales que ven a la compañía como un benefactor de la comunidad.

Pero una investigación municipal realizada en 1971 descubrió que en un año la fundición emitía 1,012 toneladas de plomo, 508 toneladas de zinc, 11 toneladas de cadmio y una tonelada de arsénico. Otro estudio indicó que casi el 60% de los niños que vivían alrededor de la fundición tenía niveles peligrosos de plomo en la sangre. De hecho, ASARCO tiene problemas de contaminación en 40 instalaciones por todo Estados Unidos.

Este año, las autoridades de salud de Nuevo México accedieron a investigar la situación y en marzo visitaron Anapra. Pero la decepción entre la anaprenses fue enorme cuando los investigadores se negaron a realizar análisis entre los niños de la comunidad.

"No hay evidencias sustanciales de que los niños de Anapra tengan plomo en la sangre", dijeron los investigadores a los indignados residentes.

"Esta es una prueba más de cómo los departamentos de salud de Texas y Nuevo México han encubierto el legado tóxico de ASARCO durante 30 años", dijo Yvette Ramirez Ammerman, vocera de Get the Lead Out. "Los niños no sólo juegan en la arena, sino que también gatean por las casas y se llevan el polvo contaminado. Ignorar a los niños francamente es ridículo, si no fraudulento".

Obviamente, más evidencias de que los niños que viven cerca de la fundición están contaminados hundiría como el plomo las posibilidades de aprobación de la solicitud de ASARCO para reabrir la fundición.

En evitar que se renueve el permiso no sólo están involucrados los 1,500 vecinos de Anapra, sino también varios grupos cívicos de El Paso y Juárez, en México, los cuales participan en las audiencias y reuniones que llevan varios meses realizándose.

Esta oposición se ha convertido en una movimiento comunitario que tuvo su muestra más emotiva durante una marcha en El Paso contra la renovación del permiso, en la que participaron cientos de personas. Muchas de ellas son residentes de las más de 600 propiedades que el gobierno federal ha declarado contaminadas por ASARCO.

La lucha será larga, y las audiencias durarán meses, pero los anaprenses saben que en la unidad está la fuerza.

"Esta es mi casa", dice Lilly. "Yo no quiero irme. Aquí nos cuidamos unos a otros y vamos a pelear todos juntos".

En Anapra todos los días son el Día de la Tierra.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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A Commitment, 365 Days a Year
By Javier Sierra

On April 22, Earth Day, most of us celebrate the blessings of a healthy planet and our commitment to defend it against abuses.

However, in the little border town of Anapra, New Mexico, there is little to celebrate and a lot to fight for, day in and day out.

For more than 100 years, a nearby smelter located across the Rio Grande, in El Paso, Texas, spewed hundreds of thousands of tons of some of the most toxic metals known to exist.

Since Anapra -one of the country's poorest communities- lies on low terrain, residues of lead, zinc, arsenic and cadmium, carried by the wind, accumulated there, rendering the soil unfit to grow anything.

This nightmare was somewhat alleviated in 1999 when the ASARCO Smelter shut down its operations. But the relief was to be brief because the owners of the facility, with the price of copper now picking up in international markets, have decided to reopen it. And Anaprans, very rightly so, are fuming.

Anapra has New Mexico's highest lead contamination levels. Most of its children have learning disabilities, have trouble concentrating, are irritable and show excessive aggressiveness, all typical symptoms of lead poisoning.

For instance, the five children of Linda Sandoval's -a member of Get the Lead Out, a community group opposing the reopening of the plant-all have learning disabilities.

"It's a mockery that they are trying to open the smelter again", says Linda. "I thought stuff like this took place only in places like Mexico. But corruption is also here."

Lilly Ureño, a volunteer in the La Casita community center, shares her neighbors' fears.

"At La Casita I work with children, and many have asthma and seizures," says Lilly, whose son also has learning problems. "We Anapra mothers are afraid."

ASARCO, however, denies that its smelter has anything to do with the pollution, and historically has counted on the sympathy of local and state officials who consider the company a community benefactor, thereby eluding their cleanup responsibilities.

But a 1971 El Paso investigation found that in one year the smelter spewed 1,012 tons of lead, 508 tons of zinc, 11 tons of cadmium and one ton of arsenic. Another study showed that almost 60% of the children living around the plant had dangerous lead levels in their blood. In fact, ASARCO has pollution problems in 40 facilities throughout the country.

This year, New Mexico's public health officials decided to investigate and, on March 11, visited Anapra. But the residents were hugely disappointment when the investigators refused to conduct blood test among Anapra's children.

"There is no substantial evidence that the children in Anapra have lead in their blood," the investigators told the outraged community.

"This is just one more example of how health departments in Texas and New Mexico have covered ASARCO's toxic legacy for 30 years," said, Yvette Ramirez Ammerman, Get the Lead Out coalition spokesperson. "Children not only play outside in the dirt, they also pick up dust from inside the home as they crawl around. Ignoring the children is frankly ridiculous, if not fraudulent."

Obviously, more evidence that children living near the smelter are contaminated would sink, like lead, ASARCO's chances of getting their permit renewed.

Not only are Anapra's 1,500 residents involved in keeping the smelter closed. Several civic groups from El Paso and neighboring Ciudad Juárez are active participants in public hearings that have been taking place for months.

This opposition has turned into a grassroots movement whose most emotional action took place a few month ago during a march 2003 against the reopening of the facility, in which hundreds of people participated. Many of them are residents of the more than 600 properties the federal government has declared contaminated by ASARCO.

The fight will be long, and the hearings will keep going for months, but Anaprans know their strength is their unity.

"This is my home," Lilly says. "I don't want to leave. Here we all take care of each other and we all are going to fight together."

In Anapra, every day is Earth Day.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. The Sierra Club is America's oldest, largest and most influential grassroots environmental organization.


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