Printer-friendly version Share:  Share this page on FacebookShare this page on TwitterShare this page by emailShare this page with other services

Un Don Divino

Por Javier Sierra

El padre Andrés Tamayo lleva años luchando contra una plaga que está arrasando los bosques ancestrales de Honduras, una peste insaciable que a dentelladas está devastando uno de los ecosistemas más ricos de Centroamérica.

Esta plaga es el pecado de la avaricia, y sus armas, como todas las armas, las carga el diablo.

El padre Tamayo es defensor de un paraíso ecológico situado en el sureste de Honduras, en Olancho, el mayor departamento del país. Este es el hogar de riquísimos ecosistemas que albergan más de 500 tipos de aves e innumerables especies animales y vegetales en peligro de extinción. De la enorme biodiversidad de esta zona también depende el sustento de miles de campesinos. Antes de la llegada de la plaga, se llamaba Olancho Libre.

Hoy, más de la mitad de sus casi cinco millones de hectáreas de bosques ha sido saqueada por la tala indiscriminada.

"Lo que están haciendo contra nuestros bosques, contra este don divino, es un gran pecado contra el ser humano y la obra de Dios", dice el padre Tamayo, un salvadoreño de 47 años que hace tiempo realiza su labor evangélica en Honduras. "Cada cinco minutos se corta una hectárea ilegalmente, es decir, destruyen 130 mil hectáreas al año. En 20 años esto será un desierto".

El daño ya es enorme. En Olancho hay una gran escasez de agua debido a la extrema erosión y a que el manto freático ha descendido. Las cosechas van en declive, y la pobreza y la emigración, en aumento.

Lo más lamentable es que este pillaje de los recursos del país se lleva a cabo con las bendiciones del gobierno hondureño.

"La Corporación de Desarrollo Forestal, en lugar de regular y proteger los bosques, es la aliada de las mafias madereras", dice el padre Tamayo. "La ilegalidad es luego 'legal' porque está avalada por la indiferencia de la Fiscalía del Ambiente y el Tribunal Superior de Cuentas".

Uno de los caciques madereros ya ha puesto precio a la cabeza del padre Tamayo.

Este abuso e impunidad lo llevaron a fundar el Movimiento Ambiental de Olancho (MAO), una coalición de residentes dedicada a detener la destrucción de los bosques. En 2003 y 2004, Tamayo lideró a miles de personas en la Marcha por la Vida, entre Olancho y la capital, Tegucigalpa, para alertar al país de esta gran injusticia.

Y así logró su propósito y hoy la destrucción ecológica en Olancho es un tema nacional presente en la agenda legislativa y ejecutiva. Su labor ha atraído también atención internacional, y en abril pasado, su coraje y determinación fueron recompensados al recibir en Estados Unidos el Premio Goldman, el Nóbel mundial de la ecología.

Pero al regresar a Honduras sus enemigos de nuevo demostraron ser implacables. Las mafias madereras le dieron la "bienvenida" provocando decenas de incendios en los bosques de Honduras. Tan intensa fue la humareda, que los principales aeropuertos del país fueron clausurados.

Asimismo, dos guardabosques de MAO fueron secuestrados y baleados al descubrir una operación maderera clandestina. Uno de ellos recibió una herida de bala y ambos fueron finalmente liberados para que llevaran una amenaza de muerte a uno de sus compañeros, amenazas que también se han intensificado contra Tamayo.

"Mi coraje surge de mi propia conciencia", asegura el sacerdote, quien ha sido comparado con Nelson Mandela, Martín Luther King, Jr. y César Chávez. "Las amenazas de muerte no me dejan perplejo. No pierdo el tiempo pensando en la muerte. Yo trabajo en defensa de la vida, para el cumplimiento del evangelio y para ser fiel a Dios y al pueblo".

Y también para poner cordura ante tanta destrucción. Tamayo propone que en Honduras se realice una auditoría social que proteja los bosques y otros recursos naturales contra el pillaje.

Además defiende que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a Honduras al respeto y protección de la naturaleza, e insiste en que países como Estados Unidos se nieguen a importar madera hondureña a no ser que se certifique ecológicamente su extracción.

La alternativa es impensable.

"Esta plaga no está extinguiendo sólo el alma de los bosques", advierte Tamayo. "También está talando el espíritu humano, el sentido de comunidad, de responsabilidad como salvaguardas de un don divino".

El ejemplo del padre Tamayo debería servir de lección para todos mafiosos madereros que están comprometiendo el futuro ecológico del planeta.

El mensaje es claro: Los bosques ancestrales no son papel higiénico para limpiarse la avaricia.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


Up to Top

A Divine Gift
By Javier Sierra

Father Andrés Tamayo has been fighting an epidemic that is devastating Honduras' old growth forests, an insatiable scourge that is leveling one of the richest ecosystems in Central America.

That epidemic is greed.

Father Tamayo is the defender of a paradise on earth located in southeastern Honduras- in Olancho, the country's largest region.

Olancho's abundant ecosystem is home to more than 500 different kinds of birds and countless endangered animal and plant species. The livelihood of thousands of peasants depends on the area's vast biodiversity. Before the epidemic arrived, it was called Free Olancho.

Today, more than half of its 12 million acres of forest have been decimated by indiscriminate clear-cutting.

"What they are doing to our forests, to this divine gift, is a great sin against human beings and the work of God, " says Father Tamayo, a 47-year-old Salvadorean who has been working in Honduras for many years. "Every five minutes, 2.5 acres of forest are illegally harvested, which adds up to 325,000 acres a year. In 20 years, all this will be a desert."

The devastation is already taking its toll. There are severe water shortages in Olancho because of extreme erosion and the lowering of the water table. Harvests have dwindled, and poverty and migration have risen.

The most painful part of this pillage of the country's resources is that it has been taking place with the government's blessings.

"The Forest Development Corporation, instead of regulating and protecting the forests, is an ally of the timber mafias," says Father Tamayo. "Illegal activities become 'legal' because they are viewed with indifference by the Attorney General's Environmental Office and the Government Accountability Office."

One of the timber barons has already put a price on Father Tamayo's head.

This abuse and impunity inspired him to found Olancho's Environmental Movement (MAO), a coalition of residents dedicated to stopping the destruction of the forests. In 2003 and 2004, Father Tamayo led thousands of people in a March for Life between Olancho and the capital, Tegucigalpa, in order to increase awareness of this great injustice.

Today, the destruction of Olancho is a national issue, present on the agenda of both the executive and legislative branches of government. His work has also attracted international attention, and in April, his courage and determination were rewarded when he received the Goldman Prize, the Nobel of the environmental advocacy world, in San Francisco.

But upon his return to Honduras, his enemies again proved to be relentless. The timber mafias welcomed Father Tamayo home by starting dozens of forest fires throughout Honduras. The smoke was so intense that the country's four main airports had to be closed.

Later, two of MAO's forest guardians were shot at and kidnapped when they discovered an illegal clear-cutting operation. One was injured by a bullet wound in the leg. Both were eventually let go only to serve as messengers for a formal death threat to one of their co-workers. Death threats to Father Tamayo have also intensified.

"My courage emerges from my own conscience," says Tamayo, who has been compared to Nelson Mandela, Martin Luther King, Jr. and César Chávez. "Death threats do not worry me- I don't waste my time thinking about death. I work to defend life, in order to fulfill the gospel and to be faithful to God and the people."

And to bring some sanity in the midst of all the destruction. Tamayo proposes that an official audit of the country's natural resources take place in Honduras in order to protect the forests from pillagers.

He also advocates that international financial institutions give aid to Honduras on the condition that the country respects and protects its wilderness and that countries like the United States reject any imports of Honduran timber that is not ecologically certified.

The alternative in unthinkable.

"This greed is not only extinguishing the soul of the forests," Father Tamayo warns. "It is also clear-cutting the human spirit, the sense of community, the responsibility we all have as stewards of a divine gift."

Father Tamayo's example should serve as a lesson for all the timber mafias that are compromising our future. The message is clear: Our ancestral forests cannot be used as fuel to feed the insatiable fires of our greed.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. The Sierra Club is America's oldest, largest and most influential grassroots environmental organization.


Sierra Club® and "Explore, enjoy and protect the planet"® are registered trademarks of the Sierra Club. © 2014 Sierra Club.
The Sierra Club Seal is a registered copyright, service mark, and trademark of the Sierra Club.