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La Ley de la Selva

Por Javier Sierra

Los pulmones de nuestro planeta tienen un cáncer que año tras año va corroyendo estos imprescindibles ecosistemas. Este cáncer se llama la explotación irracional de los bosques tropicales, en donde demasiados confunden su color verde con el color del dinero.

Sólo en el Amazonas brasileño, desde 1970 a 2005, este cáncer ha destruido 720,000 millas cuadradas de bosque ancestral, una superficie comparable a la de México.

Esta calamidad no sólo acaba con ecosistemas irremplazables y cantidades astronómicas de diversidad animal y vegetal. También arrasa con culturas milenarias que durante siglos han compartido el bosque sustentablemente.

Este es el caso también en el vecino Perú, en la región de Madre de Dios, la cual abarca algunos de los rincones más remotos del Amazonas. Innumerables mafias madereras --armadas con una codicia insaciable y absoluta impunidad-- invaden territorios de tribus que jamás han estado expuestas al mundo exterior.

"Esto ha causado confrontaciones e incluso muertes", dice Julio Cusurichi, un ecologista y líder comunitario de la etnia Shipibo que lleva décadas defendiendo los bosques. "Cuando hay choques contra estos grupos indígenas aislados, nunca sabemos cuántos de ellos mueren. Sólo oímos de los leñadores porque son los que regresan".

Finalmente en 2002, el gobierno peruano convirtió la región que protege Cusurichi en reserva natural, pero las mafias siguen explotando los bosques.

"Esto que llaman desarrollo a nosotros sólo nos empobrece", acusa. "No nos oponemos al desarrollo, nos oponemos al pillaje de nuestros recursos".

En esta pelea desigual, Cusurichi y sus compañeros se juegan literalmente la vida. 

"Me han incendiado la casa, nos amenazan con cortarnos el cuello, pero a mi no me intimidan", advierte.

Es este coraje lo que le ha valido el reconocimiento internacional y el Premio Medioambiental Goldman para Centro y Suramérica de 2007, conocido como el Nóbel de la ecología, el cual recibió en Nueva York el mes pasado.

"Yo lucharé hasta el último día de mi vida", dice animado por el apoyo internacional que ha logrado. "Este es mi reto y voy a seguir adelante con la frente alta y la mente limpia".

Pero este cáncer se extiende mucho más allá del Amazonas. En Guatemala, la tala ilegal se ha cobrado el 60% de sus bosques ancestrales en 15 años, incluyendo 750,000 hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya, según el grupo ecologista Trópico Verde.

Dos de sus miembros, Carlos Albacete y Piedad Espinosa, llevan 13 años combatiendo el pillaje de los tesoros naturales guatemaltecos y la inacción y complicidad gubernamental.

"El mayor reto al que nos hemos enfrentado es la absoluta impunidad en que se quedan los delitos medioambientales en Guatemala así como la corrupción incrustada en el aparato del Estado", dice Albacete.

Y agrega que en su país pocas veces se detiene a sospechosos de delitos de tala ilegal, y cuando ocurre, culmina con la absolución de los acusados.

Durante estos años los dos han estado viviendo "al filo de la navaja". Y lo que ambos temían ocurrió tras meses de denuncias contra la destrucción de terrenos públicos en la Biosfera Maya.

En enero, al regresar de un viaje al extranjero, un carro adelantó el taxi en el que se dirigían a su casa, les cerró el paso, y cuatro de sus ocupantes, vestidos con chalecos antibalas y gorros negros, comenzaron a disparar contra ellos.

"Si nos salvamos fue gracias a que el taxista pudo seguir conduciendo y a un cúmulo de casualidades que hicieron que ninguna de las balas que impactaron el vehículo nos diera de lleno", recuerda Albacete.

Tras una investigación de los hechos, los dos concluyeron que los criminales pertenecían a la policía y a la inteligencia militar. Después de otros incidentes menos graves, decidieron exiliarse a Estados Unidos y más tarde a España ya que sus vidas corrían grave peligro en Guatemala.

Estos dos héroes del medio ambiente también se merecen un premio, pero Albacete insiste en que la cura contra este cáncer radica en que los países importadores de maderas preciosas, como Estados Unidos, "tomen medidas eficaces contra la tala ilegal y la corrupción de las autoridades locales".

En los últimos meses, el Representante demócrata Carl Blumenauer ha presentado un proyecto de ley que criminalizaría las actividades que nuestros héroes están combatiendo. Asimismo, la propuesta de comercio libre entre Estados Unidos y Perú ayudaría a detener el flujo de exportaciones madereras ilegales.

Mientras tanto, en los bosques ancestrales del mundo no debería seguir vigente la ley de la selva.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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The Law of the Jungle
By Javier Sierra

Our planet's lungs have a cancer that year after year is corroding these indispensable ecosystems. This cancer is the irrational exploitation of the tropical forests, where too many believe that green is just the color of money.

In the Brazilian Amazon, from 1970 to 2005, this cancer has devastated 720,000 square miles of old-growth forests, an area the size of Mexico.

This calamity is not only leveling irreplaceable ecosystems and astronomical diversity. It is also decimating ancestral cultures who for centuries have shared the forest sustainably.

This is also the case in neighboring Peru, in the Madre de Dios region, one of the most remote corners of the Amazon. Many logging mafias --armed with insatiable greed and absolute impunity-- invade territories of tribes who have never been exposed to the outside world.

"This has caused confrontations and even deaths," says Julio Cusurichi, an ecologist and community leader from the Shipibo tribe who defends the rain forest. "When there are confrontations with these isolated indigenous groups, we never know how many of the indigenous peoples have been killed. We only hear about the loggers, because they are the ones who come back."

Finally, in 2002, the Peruvian government turned the region Cusurichi protects into a natural reserve, although the exploitation continues.

"This so-called development is only making us poorer," he accuses. "We don't oppose development. We oppose the pillage of our resources."

In this unfair fight, Cusurichi and his colleagues literally put their lives on the line.

"They have burned down my home, they have threatened to cut our necks, but they don't intimidate me," he warns.

This courage is what has granted him international recognition and the 2007 Goldman Environmental Prize for Central and South America, also known as the Nobel Prize for ecology, which he received last month.

"I will fight until the last day of my life," he says, encouraged by the international support he has garnered. "This is my challenge and I will go on with my head raised and my mind clean."

But this cancer has spread far beyond the Amazon. In Guatemala, illegal logging has destroyed 60 percent of its old growth forests in 15 years, including more than 1.8 million acres of the Maya Biosphere Reserve, according to the environmental group Trópico Verde.

Two of its members, Carlos Albacete and Piedad Espinosa, have been fighting the pillage of Guatemala's natural treasures and the government inaction and complicity for 13 years.

"The biggest challenge we have faced is the total impunity these environmental crimes are dealt with in Guatemala and the corruption embedded in State institutions," Albacete says.

And he adds that in his country very few illegal logging suspects are detained, and when they are, the defendants are finally freed.

Through the years, they both have been practically living "at knifepoint." And what both feared finally took place after months of exposing the destruction of public lands in the Maya Biosphere.

In January, on their return from an overseas trip, a car passed their taxi, blocked their way, and from it jumped four men wearing bullet-proof vests and black caps, who opened fire on them.

"We escaped the attack because the taxi driver had the presence of mind to drive on and because of many fortunate circumstances that kept the bullets from hitting us," recalls Albacete.

After they investigated the attack, they concluded that the criminals were members of police or military intelligence. Following other harassment incidents, they finally decided to go into exile in the United States and later Spain because their lives were in severe danger in Guatemala.

These environmental heroes also deserve a prize, but Albacete insists that the cure for this cancer lies in the will of importing countries, such as the United States, "to take effective measures against illegal logging and local official corruption."

In the past few months environmental champion Earl Blumenauer from Oregon has introduced the Legal Timber Protection Act, which would make it a crime to knowingly import, sell, buy or transport illegally-sourced plants and wood products.

In addition, some positive steps have been taken to stop trade in illegally harvested timber through the proposed Peru – U.S. Free Trade Agreement. While there is still much work to do, this marks a new era of dealing with the demand side of illegal logging.

In the meantime, the law of the jungle should not continue to rule the world's ancestral forests.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information, please visit www.sierraclub.org/ecocentro


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