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Con El Petróleo al Cuello

Por Javier Sierra

La parte más aterradora del desolador derrame de petróleo en el Golfo de México es que los únicos que pueden detenerlo son los mismos incapaces que lo causaron: BP.

Desde el 20 de abril, cuando la plataforma Deepwater Horizon estallara en llamas desatando el volcán petrolero submarino que asola hoy un ecosistema completo, hemos presenciado el desesperante espectáculo de la compañía BP dando palos de ciego.

Intento tras intento de detener este géiser tóxico ha fracasado estrepitosamente. Ahora sólo esperamos que este nuevo intento de contener el torrente realmente funcione. Y todos seguimos preguntándonos, ¿cómo es posible que esta pesadilla esté durando tanto?

La explicación es bien sencilla. BP jamás tuvo un Plan B, jamás estuvo preparada para remediar esta catástrofe. Y ahora vemos que su única solución es improvisar sobre la marcha.

Primero debemos recordar los extraordinarios riesgos que asumió BP antes de comenzar a perforar. El pozo decapitado se encuentra a unas 50 millas mar adentro y a una milla de profundidad. Tratar de cortar el flujo en las presentes condiciones, algo que sólo puede hacer esta industria, es como atajar un derrame petrolero en la luna.

Durante años, el Sierra Club advirtió que las explotaciones petroleras costeras conllevaban riesgos extraordinarios que constituían una amenaza cierta para los ecosistemas marinos y las economías que dependen de ellos.

Durante todos estos años, BP y el resto de las petroleras han despreciado nuestros temores y advertencias diciendo que gracias a su tecnología y su saber hacer, no había que preocuparse.

Y desde el 20 de abril se ha desatado otro torrente, un torrente de noticias y descubrimientos que describen a una compañía obsesionada con las ganancias y negligente con las víctimas potenciales de su descabellada aventura petrolera.

Desde entonces se han develado los siguientes escándalos de BP:

  • BP se negó a instalar una válvula de seguridad valorada en $500,000 en el pozo accidentado que lo hubiera sellado automáticamente en caso de accidente.
  • Un técnico que trabajaba en la Deepwater Horizon confesó al programa 60 Minutes de CBS que la válvula de seguridad de inferior calidad instalada en la corona del pozo se había averiado semanas antes de la explosión y que los ejecutivos de BP lo sabían.
  • BP continúa inyectado cientos de miles de galones de dispersantes en el Golfo de México pese a que se dice que ha intoxicado a varias personas, está prohibido en Gran Bretaña y el gobierno federal le ha ordenado usar otros menos tóxicos.
  • BP obliga a los trabajadores de limpieza del Golfo a firmar un contrato que les prohíbe hablar con los medios. Muchos de esos trabajadores se han enfermado con síntomas de intoxicación de hidrocarburos.

Etc., etc., etc.

El otro comparsa de esta tragedia es el Servicio de Gestión de Minerales, la oficina del Departamento del Interior encargada de "regular" a la industria petrolera. Entre sus hazañas se cuentan las siguientes:

  • Conceder el permiso de perforación a BP en el pozo hoy accidentado sin verificar que la válvula de seguridad funcionaba.
  • Ignorar durante años informes falsificados por BP sobre el funcionamiento de válvulas de seguridad parecidas a la que colapsó bajo la Deepwater Horizon.
  • Consumir drogas y alcohol, y ver pornografía durante sus horas de trabajo.
  • Aceptar regalos y favores de la industria que se suponía que tenía que vigilar.

Etc., etc., etc.

¿Y todo esta debacle a cambio de qué?

Estados Unidos, con un 5% de la población mundial consume el 25% de la producción petrolera del planeta. ¿Qué porcentaje procede de las costas del país? Un 0.2%

Los beneficios son insignificantes y los riesgos descomunales. ¡Ya basta! Tenemos que acabar con nuestra adicción petrolera.

El Sierra Club ha instado al Presidente Obama a declarar nuestra independencia del petróleo, empezando por establecer una moratoria de exploraciones en las costas del país.

Incluso si el torrente logra detenerse, el daño ya está hecho, y ahora debemos ayudar a las comunidades del Golfo a recuperarse de semejante catástrofe. Ya es hora de exigir transparencia a la industria petrolera y a los reguladores que deben vigilarla para que esto no vuelva a ocurrir. Ya es hora de acabar con nuestra adicción petrolera y adoptar fuentes de energía limpias y renovables.

Las dantescas imágenes de un Golfo de México en llamas e inyectado de ponzoña tienen que abrirnos los ojos a todos para darnos cuenta de que estamos con el petróleo al cuello.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígale en Twitter @javier_sc.


Under Big Oil's Gun

By Javier Sierra

The most terrifying part of the devastating Gulf oil disaster is the fact that the only one who can stop it is the same incompetent company that caused it: BP.

Ever since April 20, when the Deepwater Horizon platform blew up in flames and triggered an underwater oil volcano that is devastating an entire ecosystem, we have witnessed the exasperating spectacle of a corporation stabbing in the dark.

Time and again, trying to stop this toxic geyser has met spectacular failure. Now we all hope the latest attempt will finally succeed. But we all keep wondering, how is it possible that this nightmare is lasting for so long?

The explanation is quite simple: BP never had a Plan B and never was prepared to fight this catastrophe. They are making this up as they go.

First, we must remember the extraordinary risks BP took before beginning to drill. The decapitated well is about 50 miles from the Louisiana coast and one mile deep. Trying to cut off the torrent under those conditions, something the oil industry alone can do, is like controlling an oil spill on the Moon.

For years, the Sierra Club has been warning that offshore drilling operations pose extraordinary risks and constitute a clear and present danger to marine ecosystems and the economies attached to them.

During all these years, BP and the rest of Big Oil have been brushing aside our fears and warnings by saying that thanks to their technology and know-how, there was no reason to worry.

And after April 20, another torrent was unleashed, a flood of news reports and exposés painting a company obsessed with profits and negligent of the potential victims of its reckless adventure.

Ever since then, more BP scandals have been exposed:

  • BP refused to install a state-of-the-art, $500,000 blowout preventer that would have completely sealed the well in case of accident.
  • A technician that worked on Deepwater Horizon told 60 Minutes that the blowout preventer of inferior quality installed on top of the well had failed pressure tests weeks before the explosion, and that BP executives knew about it.
  • BP continues to use hundreds of thousands of gallons of a type of chemical dispersant regardless of the fact that it has reportedly caused the sickness of several people, is banned in Great Britain and the Environmental Protection Agency has ordered BP to use a less toxic one.
  • BP forces cleanup workers to sign a contract that bans them from talking to the media. Many of those workers have fallen ill with symptoms of hydrocarbon intoxication.

And on, and on, and on.

The other actor of this tragedy is the Department of the Interior's Mineral Management Service, the one charged with "regulating" the oil industry. Its performance includes the following:

  • Giving BP the drilling permit at the blown-out well without verifying if the blowout preventer actually worked.
  • Ignoring for years falsified BP reports about the functioning of preventers similar to the one that malfunctioned under Deepwater Horizon.
  • Staff consuming drugs and alcohol, and watching pornography during working hours.
  • Accepting gifts and favors from the very industry it was supposed to regulate.

And on, and on, and on.

And what are we all getting in exchange for this debacle?

The U.S., with five percent of the world's population, consumes 25 percent of the planet's oil production. What percentage comes from offshore drilling? 0.2 percent.

The benefits are insignificant and the risks exorbitant. Enough is enough. We must end our oil addiction.

The Sierra Club has urged President Obama to declare our independence from oil, starting with an immediate off-shore drilling moratorium.

Even if the gusher is stopped, the damage is already done. Now we need to help the Gulf community to recover from such a catastrophe. Now we need to demand accountability and transparency from both Big Oil and its government regulators to make sure this will never happen again. We need to end our oil addiction and to embrace clean, renewable sources of energy.

The Dante-esque images of a Gulf of Mexico in flames, being poisoned by an ongoing black tide, must open everyone's eyes to realize that we are under Big Oil's gun.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. Follow him on Twitter @javier_sc.


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