Printer-friendly version Share:  Share this page on FacebookShare this page on TwitterShare this page by emailShare this page with other services

Sierra & Tierra
El Incesante Asalto de la Codicia Petrolera

Por Javier Sierra

La catástrofe de BP en el Golfo de México ha debilitado uno de los ecosistemas más prolíficos del mundo. Asimismo, la audacia y la codicia que llevaron a la petrolera a perforar un pozo 50 millas mar adentro y a una milla de profundidad es resultado del sistemático debilitamiento de las regulaciones y salvaguardas que podrían haber evitado el desastre.

Durante décadas, la perniciosa influencia no sólo de BP sino de todas las petroleras ha socavado profundamente la única entidad que nos puede proteger de la codicia corporativa - el gobierno federal.

Cuando el público empezó a darse cuenta de que BP no tenía ni idea de cómo contener el pozo desbocado que manaba decenas de miles de barriles de crudo diarios, todos nos preguntamos, ¿por qué no hace más el gobierno federal? ¿por qué no se adueña de BP?

De repente, después de oír durante décadas que el gobierno era el problema, todos nos volvimos hacia él en busca de soluciones. Pero el gobierno federal entró cojeando en el escenario de este drama y demostró su impotencia ante la catástrofe. El país entero no tuvo más remedio que depender de los ineptos de BP que causaron el desastre para solucionarlo.

Este debilitamiento alcanzó su punto álgido durante la administración de George Bush y Dick Cheney, dos veteranos petroleros. Y la Comisión Especial sobre Energía de Cheney se convirtió en el principal motor de este debilitamiento.

Con la participación casi exclusiva de esta industria, y tras innumerables reuniones con BP, ExxonMobil, Shell, Chevron y otras, Cheney elaboró una de las políticas energéticas más desastrosas de la historia. Su principal resultado fue la Ley de Política Energética de 2005, la cual entregó a la industria, entre otros, los siguientes regalos:

  • La eliminación de regulaciones y salvaguardas, como partes de la Ley de Agua Limpia, que la industria consideró "onerosas".
  • La expansión de las perforaciones en las costas del país y otras zonas protegidas, como áreas cercanas a parques nacionales y terrenos federales sensibles.
  • $14,500 millones en reducciones fiscales e incentivos para una industria que ya estaba nadando en ganancias.

Pero quizá el legado más tóxico de los Petroleros de la Casa Blanca fue la corrupción en la Agencia de Gestión de Minerales (MMS), la entidad reguladora de la industria petrolera.

El compadreo reinante en la MMS es legendario. En 2008, una investigación federal descubrió que los reguladores estaban literalmente en la cama con los regulados, compartiendo drogas y alcohol como parte de "una cultura de vicio y promiscuidad", en la que los empleados aceptaban regalos "con prodigiosa frecuencia".

En un email a un ejecutivo de la Shell, una empleada de la MMS decía, "Eres tannnn maravilloso. Tú ya sabes lo mucho que te adoro".

El dinero tiene este asombroso poder de derribar puertas y descerrajar voluntades. Y la industria petrolera tiene tanto dinero, que se llama de otra manera, se llama poder. Entre 2001 y 2007, con la Casa Blanca y gran parte del Congreso en el bolsillo, las cinco mayores petroleras obtuvieron ganancias por un total de $556,000 millones, un aumento del 300% con respecto al 2000.

Entre 2001 y 2008, la industria petrolera y de gas invirtió cerca de $450 millones de dólares en cabildear al Congreso, y desde enero de 2009 hasta abril de este año, $215 millones, principalmente para obstaculizar la Reforma Energética que lleva 13 meses atascada en el Senado.

Las petroleras también saben cómo colocar con maestría a sus funcionarios más fieles en las posiciones claves de la burocracia federal y cómo recompensarlos. Dos ex directores y otros varios ex empleados de la MMS trabajan en esta industria. El 71% de los más de 600 cabilderos de la industria han ocupado puestos en la burocracia federal o trabajado en el Congreso.

El público, desprotegido contra los efectos de esta poderosísima relación incestuosa, tarde o temprano tenía que pagar las consecuencias. Así fue el 20 de abril, cuando la plataforma Deepwater Horizon estalló en mil pedazos, causando la muerte de 11 trabajadores y la peor calamidad ecológica en la historia del país.

Es ahora más que nunca cuando necesitamos el coraje de nuestros representantes en Washington. Ya es hora de acabar con nuestra adicción petrolera, con los escandalosos subsidios a esta industria, y de aprobar una Reforma Energética que, gracias a las fuentes de energía limpia y renovable, nos permitirá abandonar el petróleo en 20 años.

Ya es hora de acabar con este incesante asalto de la codicia petrolera.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígale en Twitter @javier_sc.


Sierra & Tierra
Big Oil's Relentless Assault on Democracy

By Javier Sierra

The BP catastrophe in the Gulf has devastated one of the world's most prolific ecosystems. The audacity of greed that fueled BP into drilling a well 50 miles out in the ocean and one mile deep is the direct result of the weakening of the regulations and safeguards that could have avoided the disaster.

For decades, the pernicious influence not just of BP but of all Big Oil companies has profoundly undermined the only entity that can protect us all against corporate greed - the federal government.

When the public started realizing that BP didn't have the faintest idea how to contain the runaway well that was gushing tens of thousands of barrels of oil a day, we all wondered, why isn't the federal government doing more? Why isn't it taking over BP?

Suddenly, after decades of hearing that the government was the problem, we all turned to it seeking solutions. But the federal government entered the stage of this drama limping and soon showed its inability to deal with it. The entire country had no choice but relying on the same inept oil company, BP, that caused the catastrophe to solve it.

This weakening reached its high point during the administration of George Bush and Dick Cheney, two experienced oilmen. And Cheney's secretive Energy Task Force became the main engine of this destruction.

The exclusive task force consisted of BP, ExxonMobil, Shell, Chevron and others from Big Oil, and it produced one of the most catastrophic energy policies in the history of the country. Its main result was the 2005 Energy Policy Law, which gave the industry, among others, the following gifts:

  • The elimination of regulations and safeguards, including key parts of the Clean Water Act, which the industry called "onerous."
  • The expansion of drilling on the country's coasts and other protected areas, including parts bordering national parks and other sensitive public lands.
  • $14.5 billion in tax cuts and incentives for an industry that was already rolling in cash.

But perhaps the most toxic legacy of the White House Oilmen was the deeply corrupted Mineral Management Service (MMS), the Interior Department's division in charge of regulating the oil industry.

The agency's nepotism and cronyism at all levels became legendary. In 2008, a federal investigation found that the regulators were literally in bed with the regulated, sharing drugs and alcohol as part of "a culture of substance abuse and promiscuity," where public officials accepted gifts "with prodigious frequency."

In an email, an MMS employee wrote to a Shell executive the following: "You are soooo wonderful. You know how much I adore you."

Money has this amazing power to tear down doors and wipe out consciences. And Big Oil has so much money, it's no longer called money, it's called power. Between 2001 and 2007, with the White House and a good part of Congress in their back pockets, the top five oil companies made $556 billion in profits, a 300-percent increase from 2000.

Between 2001 and 2008, these industries invested close to $450 million lobbying Congress, and since January of 2009 until April of this year, $215 million, mainly to obstruct the passage of the Energy Bill, which has been stuck in the Senate for 13 months and counting.

Big Oil also knows very well how to place their most loyal public officials in the federal bureaucracy and how to reward them. Two former directors and several other MMS employees are now working for this industry. Seventy-one percent of the more than 600 Big Oil lobbyists in Washington are former federal or congressional employees.

The public, defenseless against the effects of this very powerful incestuous relationship, paid the consequences. Reckoning day came on April 20 when the Deepwater Horizon platform blew up, killing 11 workers and causing the worst ecological calamity in the country's history.

Now, more than ever, is when we need the courage of our representatives in Washington. It's time to end our oil addiction, to pass an energy bill that, thanks to sources of clean, renewable energy, will allow us to move beyond oil in 20 years.

It's time to end Big Oil's relentless assault on democracy.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. Follow him on Twitter @javier_sc.


Sierra Club® and "Explore, enjoy and protect the planet"® are registered trademarks of the Sierra Club. © 2014 Sierra Club.
The Sierra Club Seal is a registered copyright, service mark, and trademark of the Sierra Club.