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Un Don Divino
Por Javier Sierra

El padre Andrés Tamayo lleva años luchando contra una plaga que está arrasando los bosques ancestrales de Honduras, una peste insaciable que a dentelladas está devastando uno de los ecosistemas más ricos de Centroamérica.

Esta plaga es el pecado de la avaricia, y sus armas, como todas las armas, las carga el diablo.

El padre Tamayo es defensor de un paraíso ecológico situado en el sureste de Honduras, en Olancho, el mayor departamento del país. Este es el hogar de riquísimos ecosistemas que albergan más de 500 tipos de aves e innumerables especies animales y vegetales en peligro de extinción. De la enorme biodiversidad de esta zona también depende el sustento de miles de campesinos. Antes de la llegada de la plaga, se llamaba Olancho Libre.

Hoy, más de la mitad de sus casi cinco millones de hectáreas de bosques ha sido saqueada por la tala indiscriminada.

"Lo que están haciendo contra nuestros bosques, contra este don divino, es un gran pecado contra el ser humano y la obra de Dios", dice el padre Tamayo, un salvadoreño de 47 años que hace tiempo realiza su labor evangélica en Honduras. "Cada cinco minutos se corta una hectárea ilegalmente, es decir, destruyen 130 mil hectáreas al año. En 20 años esto será un desierto".

El daño ya es enorme. En Olancho hay una gran escasez de agua debido a la extrema erosión y a que el manto freático ha descendido. Las cosechas van en declive, y la pobreza y la emigración, en aumento.

Lo más lamentable es que este pillaje de los recursos del país se lleva a cabo con las bendiciones del gobierno hondureño.

"La Corporación de Desarrollo Forestal, en lugar de regular y proteger los bosques, es la aliada de las mafias madereras", dice el padre Tamayo. "La ilegalidad es luego 'legal' porque está avalada por la indiferencia de la Fiscalía del Ambiente y el Tribunal Superior de Cuentas".

Uno de los caciques madereros ya ha puesto precio a la cabeza del padre Tamayo.

Este abuso e impunidad lo llevaron a fundar el Movimiento Ambiental de Olancho (MAO), una coalición de residentes dedicada a detener la destrucción de los bosques. En 2003 y 2004, Tamayo lideró a miles de personas en la Marcha por la Vida, entre Olancho y la capital, Tegucigalpa, para alertar al país de esta gran injusticia.

Y así logró su propósito y hoy la destrucción ecológica en Olancho es un tema nacional presente en la agenda legislativa y ejecutiva. Su labor ha atraído también atención internacional, y en abril pasado, su coraje y determinación fueron recompensados al recibir en Estados Unidos el Premio Goldman, el Nóbel mundial de la ecología.

Pero al regresar a Honduras sus enemigos de nuevo demostraron ser implacables. Las mafias madereras le dieron la "bienvenida" provocando decenas de incendios en los bosques de Honduras. Tan intensa fue la humareda, que los principales aeropuertos del país fueron clausurados.

Asimismo, dos guardabosques de MAO fueron secuestrados y baleados al descubrir una operación maderera clandestina. Uno de ellos recibió una herida de bala y ambos fueron finalmente liberados para que llevaran una amenaza de muerte a uno de sus compañeros, amenazas que también se han intensificado contra Tamayo.

"Mi coraje surge de mi propia conciencia", asegura el sacerdote, quien ha sido comparado con Nelson Mandela, Martín Luther King, Jr. y César Chávez. "Las amenazas de muerte no me dejan perplejo. No pierdo el tiempo pensando en la muerte. Yo trabajo en defensa de la vida, para el cumplimiento del evangelio y para ser fiel a Dios y al pueblo".

Y también para poner cordura ante tanta destrucción. Tamayo propone que en Honduras se realice una auditoría social que proteja los bosques y otros recursos naturales contra el pillaje.

Además defiende que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a Honduras al respeto y protección de la naturaleza, e insiste en que países como Estados Unidos se nieguen a importar madera hondureña a no ser que se certifique ecológicamente su extracción.

La alternativa es impensable.

"Esta plaga no está extinguiendo sólo el alma de los bosques", advierte Tamayo. "También está talando el espíritu humano, el sentido de comunidad, de responsabilidad como salvaguardas de un don divino".

El ejemplo del padre Tamayo debería servir de lección para todos mafiosos madereros que están comprometiendo el futuro ecológico del planeta.

El mensaje es claro: Los bosques ancestrales no son papel higiénico para limpiarse la avaricia.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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