Este sábado 28 de marzo, Sierra Club Puerto Rico se une a la convocatoria de la marcha en rechazo al megaproyecto Esencia en Cabo Rojo, una propuesta que ejemplifica un modelo de desarrollo profundamente ajeno a las necesidades del país. No se trata simplemente de una controversia sobre construcción o inversión, se trata de una visión de país que insiste en privilegiar el lujo, la exclusión, y la concentración de riqueza mientras sacrifica comunidades, recursos naturales, y nuestro futuro colectivo.
La manifestación partirá desde el área del Escambrón en San Juan a las 11:00 de la mañana, con recorrido hacia el Capitolio y La Fortaleza. Convocamos a nuestra membresía, a las comunidades, y al pueblo en general a sumarse a este reclamo colectivo. Porque defender a Cabo Rojo es también defender la posibilidad de un Puerto Rico más justo, más habitable, y más digno.
El proyecto Esencia, valorado en aproximadamente $2 mil millones, ha sido promovido como símbolo de inversión y desarrollo. Sin embargo, su viabilidad descansa sobre un andamiaje de privilegios contributivos que revela la fragilidad e inequidad del modelo que lo sostiene. Como expresó nuestra directora, Hernaliz Vázquez, “el llamado ‘desarrollo’ de Esencia, valorado en $2 mil millones, solo es posible porque el propio gobierno le ha otorgado cerca de $497 millones en exenciones contributivas”. Lejos de representar un motor económico sólido, esta realidad evidencia una estructura en la que el Estado renuncia a recursos públicos para facilitar una inversión privada de lujo. Por eso, como advirtió nuestra directora, “estamos ante un modelo económico fallido que necesita regalar fondos públicos para sostener inversiones privadas de lujo. Lujo para pocos, desplazamiento para muchos”.
Esa lógica se vuelve aún más preocupante al examinar la escala del proyecto. El plan contempla la construcción de 1,132 residencias y 520 unidades hoteleras bajo la figura de Cabo Rojo Land Acquisition LLC, vinculada a capital extranjero. Para hacerlo posible, se ha concedido una década completa de exenciones en impuestos estatales y municipales, además de créditos contributivos millonarios aprobados por la Compañía de Turismo. El resultado, como señaló nuestra directora, es claro: “esto implica menos recursos para servicios esenciales, menos inversión en nuestras comunidades, y una mayor carga sobre el pueblo trabajador”. En otras palabras, se le pide al país que subsidie un modelo que no responde a sus prioridades ni fortalece su bienestar.
Desde Sierra Club Puerto Rico rechazamos la noción de que este tipo de iniciativa pueda presentarse como desarrollo económico sostenible. Lo que está ocurriendo no es una apuesta seria por la prosperidad compartida, sino una redistribución del poder y de los recursos en favor de inversionistas privilegiados. Nuestra directora lo expresó con claridad al afirmar que “lo que estamos viendo es una transferencia directa de riqueza desde el pueblo hacia inversionistas privilegiados”. Más aún, se trata de un modelo que “no invierte en mitigación, adaptación ni resiliencia ecológica, que ignora los límites de nuestros ecosistemas y que insiste en apostar por proyectos que agravan la crisis climática y la desigualdad”.
No podemos analizar Esencia únicamente desde sus dimensiones financieras. También debemos entenderlo como parte de una historia más amplia de desplazamiento y exclusión. En Puerto Rico conocemos demasiado bien las consecuencias de decisiones impuestas desde arriba, sin respeto por las comunidades ni por la fragilidad de nuestros territorios. Por eso Vázquez advirtió que “estos megaproyectos representan una traición al pueblo de Puerto Rico”, ya que profundizan “el conflicto entre el capital económico de unos pocos y el derecho colectivo a una vida digna, a un ambiente sano y a permanecer en nuestras comunidades”.
La amenaza se agrava aún más por la ubicación del proyecto. Cabo Rojo no es un espacio vacío disponible para el capricho del capital. Es un territorio de alto valor ecológico, comunitario y cultural, cuya protección debe ser parte de cualquier conversación seria sobre el futuro del país. Pretender que una construcción de esta escala puede ser compatible con la sostenibilidad, como bien señaló nuestra directora, es engañar al país. La realidad es que no existe forma de construir a esa escala en una zona ecológicamente sensible sin provocar impactos irreversibles: desplazamiento, presión sobre recursos naturales limitados como el agua, destrucción de hábitats y exclusión social.
Por eso marchamos. Marchamos para defender el derecho de nuestras comunidades a existir y permanecer. Por defender nuestros recursos naturales frente a un modelo extractivo y excluyente. Marchamos para defender la idea de que Puerto Rico merece una visión de desarrollo centrada en la justicia ambiental, la equidad, y la vida digna.
Este sábado salimos a la calle en contra de Esencia. Defendamos a Cabo Rojo, defendamos nuestro derecho a decidir otro futuro, y reafirmemos que Puerto Rico no está en venta.